Marta Abreu
Nuestra ciudad de Santa Clara cuenta con una bella historia. Personajes relevantes a nivel, incluso internacional, han tenido participación en la construcción de una mejor sociedad. Uno de esos personajes legendarios es Marta Abreu.
Este es un homenaje en el 157 aniversario de su natalicio, de la universidad que lleva su nombre: Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, en un intento más por inmortalizar su nombre y su actuar.
Biografía
Nace en Santa Clara el 13 de noviembre de 1845 en el seno de una de las familias más acaudaladas de la ciudad y del territorio formada por el padre, Don Pedro Nolasco González de Abreu (quien firmaba Abreu y no González por considerar este, su primer apellido como común, cuestión que luego se oficializó y paso a ser Abreu, apellido este que trasmitió a sus hijas) y Doña Rosalía Arencibia. Esta familia era dueña de dos centrales, el "San Francisco" y el "dos hermanas", varias fincas y numerosos inmuebles en Santa Clara y La Habana. Joven de la mejor sociedad logró poseer una cultura refinada y una profunda instrucción.
El inicio de las gestas independentistas en nuestro país estimula su compromiso con la causa de la Patria y aún antes del alzamiento de las fuerzas rebeldes en Las Villas ya Marta comienza a cooperar. Sus padres, preocupados por el avance de la Revolución y el entusiasmo de las hijas decide trasladarse a vivir a La Habana en 1872 donde un año después conoce a quien sería su esposo, Don Luís Estévez, joven abogado habanero que compartía con ella sus ideales patrióticos y humanistas. La relación condujo al matrimonio en 1874 en contra de la voluntad de los padres de Marta por considerar que el pretendiente solo deseaba la fortuna familiar. En 1875 nace su primer hijo, que fue bautizado con el nombre de su abuelo materno, Pedro Nolasco Estévez Abreu.
En 1876 muere su padre y algunos años después, en 1882 la madre, lo que pone en manos de Marta una importante fortuna que rápidamente decide emplear en beneficio de las causas más nobles: ayudar a los más necesitados en su Santa Clara amada y contribuir a la causa de la independencia de Cuba, misiones a las que consagró toda su fortuna y todas sus energías.
En el propio año 1882 ella y sus hermanas construyen y habilitan 2 colegios para niños pobres; uno de varones nombrado "Don Pedro Nolasco" en honor de su padre, y otro para hembras, nombrado "Santa Rosalía" en honor de la madre. Algún tiempo después completan su obra con un tercer colegio, "La Trinidad" dedicado a niños pobres de color, todos dirigidos a combinar la instrucción básica general con el aprendizaje de oficios útiles para permitir a los alumnos enfrentar su vida futura.



