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Mecánica
celeste Es la ciencia que estudia
el movimiento y las mutuas atracciones gravitacionales de los cuerpos
celestes en el espacio.
Su nacimiento se puede hacer coincidir con la publicación
por parte de Isaac Newton (16241727) de sus Principia, es decir con la
formulación de la teoría de la gravitación universal.
Continuadores de esta ciencia fueron, en el siglo XVIII, el físico
y matemático suizo Euler, que realizó precisos cálculos
sobre el movimiento de la Luna, de los planetas mayores y de los cometas,
y el francés Clairaut que calcu ló el efecto perturbador
de los planetas sobre el co meta Halley.
En el siglo siguiente, el descubrimiento más importante
debido a la mecánica celeste es, sin lugar a duda, la localización
del planeta Neptuno a partir de las perturbaciones medidas sobre Urano.
El cálculo fue realizado independientemente por los científicos
J.C. Adams y U. Leverner.
Los modernos desarrollos de la mecánica celeste
permiten el cálculo de las trayectorias de las sondas par la exploración
del sistema solar. Gracias a la ayuda de los ordenadores ha sido posible
aprovechar el paso de las sondas junto a los planetas para obtener fantásticas
aceleraciones y desviaciones de ruta, que han llevado a las sondas mismas
a citas sucesivas con otros cuerpos celestes.
http://www.fisica.edu.uy/~gallardo/mcma/mcma.html
La Mecánica Celeste es aquella rama de la ciencia
que estudia el movimiento de los cuerpos celestes utilizando para ello
las leyes físicas conocidas. Con ayuda de la mecánica celeste
podemos estudiar con detalle el movimiento de los planetas alrededor del
Sol, el de la Luna alrededor de la Tierra, el de una nave espacial a través
del sistema solar, etc. La Mecánica Celeste pretende describir
de forma matemática los tipos de fuerzas que actúan sobre
un determinado sistema de cuerpos celestes (gravitación, resistencia
atmosférica, presión de radiación, etc.) logrando
así conformar un conjunto de ecuaciones diferenciales que en teoría,
al ser resueltas, permiten hallar el vector posición y velocidad
de cada cuerpo para todo tiempo. La mecánica celeste, que ahora
denominamos "clásica", fue creada por el físico
y matemático inglés Isaac Newton, quien descubrió
las tres leyes del movimiento de los cuerpos que llevan su nombre como
también la ley de atracción gravitacional. Posteriormente
fue refinada y formalizada por Laplace, Lagrange y Hamilton y muchos otros
matemáticos y astrónomos notables.
Modernamente, la mecánica celeste ha sido reformulada por la aceptación
casi unánime entre los especialistas de la teoría de la
relatividad general propuesta por Albert Einstein en 1915. Si para Newton
la gravedad era una fuerza entre los cuerpos, para Einstein la gravedad
es geometría. En efecto, las ecuaciones de campo de Einstein lo
que hacen es relacionar la cantidad de materia (mediante un ente matemático
denominado el tensor energía-momento) y la manera como se curva
el ente denominado espacio-tiempo (que se describe mediante derivadas
parciales de un ente matemático denominado el tensor mtrico,
denotado por g). Las trayectorias de los cuerpos celestes cerca de cuerpos
masivos se reducen a geodésicas, esto es, el camino mínimo
posible existente entre dos puntos en un espacio-tiempo curvo. Entonces,
el problema básico de la mecánica celeste de encontrar las
trayectorias de los cuerpos masivos se reduce a encontrar la denominada
ecuación de la geodésica, que viene dada en términos
de las segundas derivadas parciales del tensor métrico g. El gran
inconveniente es precisamente encontrar este tensor, el cual, a priori,
no se conoce. Lo usual es asumir que el tensor métrico es igual
al tensor métrico de Minkowski, que llamaremos n (espacio-tiempo
plano) más una pequeña desviación al espacio-tiempo
plano (y que nos indica el grado de curvatura existente debido a la presencia
de la materia) que podemos llamar h, que hay que determinar. Entonces
g=n+h. La determinación de h se logra reemplazando la métrica
así propuesta en las ecuaciones de campo de Einstein y se realizan
una serie de restricciones y simplificaciones con el fin de que, al final,
se puedan tener unas ecuaciones relativamente sencillas de manejar y definir
el valor de h, con lo que queda determinado g, y con ello, hallar la ecuación
de la trayectoria.
La mecánica celeste relativista fue introducida por Einstein, Infeld
y Hoffman y modernamente ha sido pulida en sus detalles por Fock, Brumberg,
Soffel y Damour.
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