Las actuales circunstancias sociales  provocada por la Covid -19  ha afectado  nuestra rutina laboral, cultural o de ocio.  También  ha cobrado un precio en nuestro bienestar sicológico. El confinamiento y la necesaria limitación del contacto humano para frenar esta pandemia , sumada a los sentimientos de temor e incertidumbre asociados a lo inédito de la situación, hacen aflorar sensaciones de hastío, soledad o monotonía. En este escenario se puede gestionar la creación artística como terapia y autoayuda;  y tal es el caso  en los siguientes poemas de Yohandy Calderón González.

Son sencillos pero cuentan con belleza muchas veces un dolor. Y es  importante hacer algo que nos alivie cuando el mundo entero se cae a pedazos. Estos poemas traen instantes por los bosques oscuros de alguna desdichada fortuna y con olor a noches estrelladas. El poeta que en un papel intenta con  las más sentidas palabras dar luz en su propio camino.

Hay mil maneras de romper con ataduras y miedos; la poesía puede ser un camino. El amor en estos poemas está como un suspiro, un ahelo; cuando el alma y el corazón se cargan aparece este suspiro, como para abrazar, para redimir. Se siente uno mejor después de un suspiro. Los poemas siguientes han sido elegidos de su Colección “Poesía en cuarentena”; resultan también un ardiente canto al amor.

I

Serás mi único cielo;

echaré sin tristezas desvelos:

ese amor tantas veces convertido en tormenta,

pena,

despedida prematura.

Llevo aquí adentro un amor azul para tu cielo.

Renazco en la ilusión y certeza de que seremos posible.

II

Aunque no te nombro con mis labios,

estás en todos mis versos,

la música que elijo,

las noches lluviosas,

la sed incontenible de amar.

Yo te huelo en aquello

que construyo con anhelo,

con fe.

Voluntad de asombro,

de belleza,

en lo simple.

III

Pedacitos en mis ojos,

de tu trazo,

al provocar jardines en mi pecho.

Efímero florecer,

hermoso.

Tajo en la ternura, en  mi lujuria.

Claveles por tus muslos,

marchitos en tu boca.

Vesania, siempre,

mientras me tocas.

IV

No estás a mi costado aún.

Resulta simple trampa

con la que nos gana la vida .

Victorias aparentes.

Ella sabe ganarle a los que siempre van de prisa.

Descanso en la calma de saberme para ti,

en algún lugar donde se ama.

V

Me amo en tu resurrección,

cuando te voy dejando

sin vanidad mis huellas.

Salen mis delirios,

mi pasión por existir,

plural,

tu tristeza

que se apaga,

mis brazos

que te salvan.

También en esta total manera de nacer.

VI

Tú en mí, inquieta,

fría y anhelante.

Porque siempre miro

en las noches

a lo alto,

al vacío lejano

donde puedo buscarle.

Confidente tú,

resquicio de alas.

Redondez en pálpito y luz.

A ti esta herida en el papel

y esta ilusión de quererle

en mis kilómetros de soledad.