La convivencia es el acto de convivir y se refiere a ser capaz de coexistir con personas en un mismo ambiente, de manera respetuosa y con valores, a pesar de las diferentes culturas que habitan el espacio. Siendo considerada como un activo importante para la evolución humana, ya que somos seres sociales y necesitamos constante comunicación con el mundo y otras personas.

Existen distintos niveles o tipos de convivencia: la convivencia con la familia en el seno de un hogar es muy diferente a la convivencia con otros seres humanos en el marco de una comunidad (un barrio, una ciudad), ya que la intimidad en ambos casos es incomparable.

¿Qué es la convivencia escolar?

La convivencia escolar es entendida como aquel entramado de relaciones interpersonales que se generan entre los diferentes miembros de la comunidad educativa, en el que se configuran procesos de comunicación, afectos, valores, actitudes, roles, estatus. En los últimos años los problemas de convivencia en las instituciones educativas han concitado la preocupación de la comunidad educativa, lo cual ha trascendido a la sociedad en general.

En ese sentido, nos interesa comprender cómo las personas aprenden a convivir en medio de las prácticas educativas, enfatizando en las formas de fomentar una convivencia armónica.

¿Cómo fomentar la convivencia armónica en la universidad?

Realizar proyectos cooperativos, facilitando que los estudiantes se conozcan y se relacionen entre sí; conocerse más, crear lazos y crear nuevas relaciones con otros alumnos que quizá no conocían o trataban. Formando eventualmente un vínculo que mejorará la convivencia.

Establecer reglas de trato hacia los compañeros, abogando por la igualdad que poseen entre todos; implementando reglas que prohíban el maltrato o el bullying, ayudando a fomentar el pensamiento de una sana convivencia escolar. Desde el rol de docente podría incrementarse las actividades relacionadas con el compañerismo y el trabajo en equipo. Desde el rol de estudiante, evitar participar de este tipo de acciones discriminatorias, así como reportarlas en caso de conocer que se realicen.

Promover actividades y dinámicas de participación, pues la participación de absolutamente todos los alumnos es imprescindible para una buena convivencia dentro del entorno escolar, ya que esto permitirá que los estudiantes más introvertidos comiencen a comunicarse de manera más eficiente. Dejando claro que no se trata de obligar a la participación, sino hacer que los alumnos y demás trabajadores quieran realmente estar involucrados en la actividad que se llevará a cabo.

Otras alternativas pueden ser, realizar actividades que fomenten el mejoramiento de la autoestima, actividades de juego, deporte, teatro o de relacionarse espontáneamente con otros. Fomentar el conocimiento y la diversidad a través de la lectura. Establecer grupos de apoyo y de profesionales para los alumnos y maestros. Crear espacios y plataformas donde los estudiantes y maestros puedan denunciar cualquier tipo de discriminación. Establecer grupos de apoyo y de profesionales para alumnos y profesores.

Por Melissa Infante Grebenkina, Laura R. Padrón Pupo y Dariana Cárdenas Morell

Tomado del Centro de Bienestar Universitario