Transcribir treinta minutos de entrevista siempre es complicado, mucho más si ese tiempo recoge tanta historia, tantos detalles, tanta vida. Y no sé por qué digo entrevista, porque a decir verdad, yo no lo entrevisté. Desde que le propuse el encuentro me dije: “este es el momento de aplicar lo que sabes, sigue los pasos, investiga, recuerda las clases de periodismo impreso, planifica las preguntas”; de más está decir que nada de eso pasó.

Él se adelantó, me llamó y me dijo que me estaba esperando. No me quedó remedio, y allá fui, como vaca al matadero. En el camino se me ocurrió una pregunta, una. Aun así, hablamos treinta minutos. La conversación, exquisita, mis nervios, desconsiderados, los teléfonos, sonando. Y yo, hoy por hoy, sin terminar de transcribir la entrevista.

Ya no me lo perdono, y Mery tampoco, así que aquí va, la entrevista al Dr. Cs. Gilberto Julio Quevedo Sotolongo, profesor, investigador, ingeniero, parte indisoluble de esta, nuestra universidad.

Familia

«Digamos que mi familia era de clase media. Mi padre era médico, Capitán Médico del Ejército, y trabajaba aquí en el Hospital Militar antes del Triunfo de la Revolución y después de la revolución siguió trabajando. Él nos formó a mí y a mi hermano en una disciplina bastante férrea pero desde su ejemplo, o sea no era que lo forzaba, realmente era un ejemplo en eso, en puntualidad, en amor al trabajo en el cumplimiento del deber y sobre todo en el amor a la patria.

«Mi padre en esa época tuvo todas las oportunidades del mundo de salir del país incluso la misma madrugada del primero de enero; un personaje importante del ejército de Batista vino hasta Santa Clara para sacarnos del país, y mi padre dijo que no, que no tenía ningún problema con la Revolución y que él nació en Cuba e iba a morir en Cuba, como hizo. Esas son las mejores enseñanzas que tengo, la disciplina, la obsesión con la puntualidad y con cumplir las orientaciones del trabajo.

«Mi madre era la contraparte en todo, si fuera a describirla con una sola palabra sería “Omnipresente”. Es que estaba en todos los lugares, una vez se apareció en el Escambray arriba de un mulo para llevarnos comida a la escuela al campo. Era el centro de la familia y todos estábamos alrededor de ella.

UCLV

«Yo terminé de estudiar en la CUJAE y por mis resultados docentes me iba a quedar como profesor allá; tenía ya la asignatura, el lugar donde iba a trabajar y creo que de alguna forma —nunca le pregunté a Seijo que era el decano— reclamaron que aquí hacía falta personas a tiempo completo, porque casi todos eran trabajadores del MICONS y a tiempo completo había muy pocos.

«Comencé a trabajar en la UCLV en septiembre del año 1977, por suerte porque en la CUJAE hubiera sido posiblemente un buen ingeniero, pero no hubiera tenido la oportunidad de crear un centro de investigación, de dirigir investigaciones, de ser centro de una de las temáticas y crear la escuela en esa temática, allá tenía los profesores míos e iba a tener que seguir atrás de ellos.

«Realmente esta situación no la tome ni a favor ni en contra, me dijeron para acá y vine, uno en esa etapa no piensa mucho. Si hubiera querido estaría en La Habana hace rato, ofertas no me han faltado, y siempre he querido estar aquí.

¿Magisterio o trabajo ingenieril?

«A mí me gusta sobre todo ser profesor, y lo soy muchísimo antes de que comenzara aquí en la universidad. Ya estando en el pre, le daba clases a mis compañeros y después en la universidad siempre fui alumno ayudante. O sea, si empezamos a sacar cuentas son más de 50 años como docente.

«También he hecho mucho trabajo como ingeniero con el objetivo de introducir los resultados en la práctica, y lo hemos logrado por tres vías fundamentalmente: transferencias a la tecnología de software, redacción de normas nacionales y prestación de servicios científicos técnicos de alto valor agregado.

«Y fíjate, nunca dejé de dar clases, aun cuando desempeñaba distintos cargos y responsabilidades. Jamás he estado un año sin dar clases al pregrado o el posgrado, me cuesta mucho alejarme de la docencia».

¿Cómo ha sido el vínculo estudiante-profesor?

«La relación con los estudiantes ha ido cambiando con el tiempo, yo siempre he tratado de tener muy buenas relaciones con ellos y siempre les digo que soy su entrenador. Yo creo que tengo las mejores relaciones con ellos, a veces los veo en la calle y me da pena porque no recuerdo quiénes son y me dicen profesor cómo está.

«En algún momento cuando empecé, y esto parece medio paradójico, habían alumnos que me temían más que ahora que puedo imponer más respeto. Es que como soy consciente de eso, trato de que no me vean como esa persona sino como un profesor más».

Hablando con una persona como Quevedo que ha alcanzado el éxito en cada faceta de su vida, se impone preguntar por los momentos más difíciles en su carrera.

«Ser Decano de la Facultad de Construcciones fue lo que más trabajo me costó. Y yo llegué a Decano con 30 años de experiencia en la Educación Superior, siendo Doctor en Ciencias y con  un trabajo investigativo consolidado, o sea, tenía un equipo de trabajo que me apoyaba muchísimo.

«Es que el Decano tiene mucha responsabilidad, y fue difícil, pero no me desvinculé ni un semestre a la docencia, ni de la investigación».

Al momento de esta conversación, veíamos los primeros pasos de la Sociedad de Interfaz de Ciencia y Tecnología de la UCLV, un proyecto que, como un padre, Quevedo ha ayudado a crecer. Pero sus resultados como docente, ingeniero e investigador no son sus únicos retoños.

«Tengo tres hijas, la mayor fue profesora de esta universidad y me hizo abuelo de un niño hermoso. Las otras dos, 25 años más pequeñas que la primera, son niñas excelentes. Tenemos muy buenas relaciones porque a mí siempre me han gustado los niños, los sobrinos, los del barrio. Ellas son muy cariñosas y me llenan de orgullo».

Recuerdo haber visto a sus hijas igual de orgullosas el día que recibió la Categoría Docente Especial de Profesor Emérito, ese día que supe que Quevedo siempre gana —y si va perdiendo saca números, estadísticas, integrales, teorías conspirativas—, que no hay manera de hacerlo callar, que es un excelente padre y que quiere escribir un libro.

Sí, es que no ha dejado de trabajar, pero cuando llegue el momento aprovechará para documentar sus conocimientos sobre Mecánica de Suelos, «ya yo lo tengo pensado, solo que no me he podido sentar», me confiesa.

Quevedo no piensa descansar porque está convencido de que «los jóvenes de hoy tienen que respetar la historia, y los que hicimos la historia no podemos vivir de ella».

 

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