El reto de escribir sobre «El Silencio de los corderos» de Thomas Harris, es entablar una conversación estimulante y peligrosa, quizás, con una de las obras cumbres del thriller psicológico, clasificada meramente, en ocasiones, como novela negra. Resulta imposible dejar de mencionar, que Harris elevó el género hasta enfrentarnos psicológicamente a algo mucho más profundo y perturbador, que lo típicamente presentado y contado en este tipo de construcciones literarias. Es por estas razones que la Universidad «Marta» Abreu de Las Villas, presenta 10 razones para validar una lectura más que necesaria y pertinente, por añadido estimulante y perspicaz.

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La Dualidad del Monstruo
La narración nos obliga a simpatizar con el psiquiatra responsable de la muerte, hasta el momento conocidas, de 9 personas. A las cuales, además, se ha comido o dado a comer en alguna ocasión importante. Mientras se aborrecen sus actos, el horror en la novela se presenta de la manera más empática, para el lector es imposible, no preferir al asesino por sobre el oficial de policía.
Hannibal lector no es un villano convencional. Su monstruosidad reside en catalizar la transformación de sus víctimas. Posee una capacidad sobrenatural, podría decirse, de olfato y memoria. Dejando por sentado que «el mal siempre está observando» no como una fuerza ciega, sino como una tormenta con modales, inteligente, que sabe reconocer las debilidades antes que la persona misma.
Su Dualidad de Carácter no debe ser explicada, por tanto, entre lo «bueno» o lo «malo» sino entre lo «elegante» y lo «grosero». No mata por necesidad, sino como forma de criticar la descortesía y su canibalismo es el acto último de dominación, reduciendo al otro a un mero objeto de consumo.
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El ritmo narrativo
El narrador maneja la tensión con precisión quirúrgica. No hay espacios vacíos. No hay palabras que sobran. Los personajes oscilan entre los altos y bajos de tensión que produce en las víctimas, la sombra del asesino. Alternando entre los procedimientos técnicos del FBI, las sensaciones claustrofóbicas y la vida doméstica. Esta alternancia constante, crea un estado urgencia imperceptible a los ojos del lector. Sin embargo, el narrador construye con sutil inteligencia, al tiempo en la novela, no solo como un recurso narrativo sino como un enemigo real y palpable.
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La Arquitectura de la trama
La novela sugiere que el pasado es el terreno al que todos estamos obligados a pertenecer. No podemos escapar de él o peor aún, nuestro presente es una máscara que nos miente y no deja ver, que seguimos viviendo en él. La detective y el asesino están construidos sobre una misma moneda, cada uno, una cara en particular, pero ambos marcados por la pérdida y el abandono. Mientras Clarice intenta canalizar el trauma para salvar vidas, Jame Gumb intenta borrarlo transformándose, dejando de esta manera dos posibilidades a los arquitectos de la trama: Construir o Destruir.
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El Quid pro Quo «La dialéctica del poder»
Las conversaciones entre la agente del FBI y el psiquiatra son juegos de esgrima mental. Su relación de «algo por algo» es un pacto fáustico. El narrador usa estas conversaciones para desnudar a la protagonista no solo a ojos del lector, sino y sobre todo, a ojos del psiquiatra. No leemos estas escenas para ver como evoluciona y se desenvuelve el caso, ese es el telón de fondo. Leemos porque nos interesa ver como Hannibal disecciona el alma de Clarice obligándola a enfrentarse a sus recuerdos más dolorosos, a cambio de pistas.
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La configuración del espacio
El narrador construye la escenografía de su obra sobre la base que le brindan las imágenes más sensoriales y oscuras, por lo que podríamos decir, que la novela bebe de lo gótico. La celda de Lecter es la mazmorra de un castillo, el sótano de Búfalo Bill es un laberinto infernal. El olor a loción, la humedad de los pozos, la piel muerta, todos son elementos usados para construir un entorno visceral.
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La subversión del arquetipo policial
En la novela negra canónica, el detective lo sabe todo. Aquí, la detective es una mera estudiante que no se ha egresado de sus estudios, por tanto, se subvierte la dinámica del poder: la detective es vulnerable no solo ante el asesino, sino ante sus mentores.
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Lenguaje clínico y elegante
Se evita el lenguaje recargado. La narración es directa, como un análisis forense salpicado de muy buenas metáforas, brillantes, en el caso de las usadas por el psiquiatra. Este estilo en el lenguaje refuerza la idea de que estamos en presencia de una autopsia de la sociedad, reforzada por la constante frialdad y distanciamiento emocional del narrador y la brutalidad de los hechos que aumentan en cada capítulo.
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La tipología de la locura
La novela es un manual de psicopatología narrativa. El narrador establece una diferencia entre los psicópatas de cuello blanco, como Lecter, que son narcisistas y calculadores y el asesino desorganizado y disfórico, como Gumb. Esta inmersión en la psicología de la mente criminal viste de verosimilitud la novela y hace que la capa de horror que se cierne sobre ella se sienta peligrosamente real y posible.
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Clarice Starling: La resiliencia como arma
A diferencia de los héroes que encontramos en otras novelas, Clarice no domina por la fuerza física y aunque inteligente, tampoco supera por la fuerza mental. Sus virtudes residen en la capacidad de observación y su integridad emocional. Su personaje está construido sobre la verdadera humanización del alma, ninguna tragedia en su vida ha logrado deshumanizar sus emociones hasta hacer aflorar sus peores y más oscuros instintos, los tiene, pero no siente la necesidad usarlos. Su éxito no solo es atrapar al asesino o sobrevivir a un mundo que está diseñado para que ella falle, sino lograr que los corderos callen.
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Legado y trascendencia
La novela el «Silencio de los corderos» cambió las reglas del juego en el género. Antes de ella, los asesinos seriales eran monstruos sin rostro en la literatura popular. Harris los elevó a la casilla de personas que, a diferencia de las más comunes, estas merecen ser analizadas. Leerla hoy es entender el origen de la ficción criminal y el «true crime», para volver a la fuente del thriller psicológico moderno.
Por Clara Lauren Yanes Pérez , estudiante de tercer año de Letras
