Portada de la Revista Venezolana, de José Martí.

Hasta Venezuela llegó José Martí en enero de 1881 desde su estancia por Nueva York. A pesar  de los elementos negativos que le había transmitido su colega intelectual venezolano, Nicanor Bolet Peraza sobre el  gobierno de Antonio Guzmán Blanco, Martí decide aventurarse a este país a favor de la democracia y los beneficios educativos que establece este gobierno.

Una vez en el territorio del país sureño, con muchos proyectos en mente y con ayuda de  Fausto Teodoro de Aldrey, funda la Revista Venezolana, de  la que solo se publicaron dos números, con trabajos en su mayoría escritos por él.

Citando al propio Martí, la Dr. C. Ana Iris Díaz Martínez, presidenta de la Cátedra Martiana de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, afirma que la Revista Venezolana logra cumplir sus propósitos:

«Nace del afecto vehemente que a su autor le inspira el pueblo en que la crea; va encaminada a levantar su fama, elevar su cultura y promover su beneficio. No hace profesión de fe, sino de amor. No se anuncia tampoco bulliciosamente. Hacer es la mejor manera de decir». 

«La otra gran obra en su estancia en el país suramericano es el surgimiento de su primer núcleo poético Ismaelillo. Un poemario que expone los marcos sentimentales más genuinos hacia su hijo, convirtiéndose además, en el primer poemario modernista en Lengua Española que se produce en Nuestro Continente»— aseveró Díaz Martínez.

En el mes de julio de 1881, luego de que Guzmán Blanco no estuviera de acuerdo con las perspectivas divulgativas de la Revista, decide que José Martí abandone inmediatamente el país.

El Apóstol se despide de la tierra bolivariana con una carta hacia Fausto. Dignifica su sentido pacífico y su verdadera devoción de identidad hacia otra patria, al redactar las siguientes líneas:

«Cuando se tienen los ojos fijos en lo alto ni zarzas, guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en su ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muere en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo». 

Es admirable el impacto o influencia que produjo la oratoria de Martí ente los intelectuales venezolanos, principalmente en los jóvenes. La observación de los males sociales, provocados por la implantación de un modelo liberal, lo convirtió en un luchador incansable por los ideales de paz y la democracia en toda América Latina.

Martí y su legado en Venezuela
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