Pablo Blas García León podía —de haber querido—hablar durante horas de los disímiles reconocimientos que ha obtenido en su carrera profesional; sin embargo prefirió conversar con absoluta humildad sobre sus dos grandes pasiones: el deporte y la docencia, que por años ha impartido en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV)

Por esos derroteros transitó durante una parte importante de su vida. Le ha dedicado a ambas profesiones tiempo y esfuerzo, aspectos importantes para construir a un campeón. La gloria del deporte en Cuba nos habla de persistencia y entrenamiento duro para conseguir distinciones que nunca persiguió, pero que conquistó a golpe de coraje y disciplina.

«De mi infancia hay recuerdos muy bellos. En primer lugar, porque tuve la oportunidad de ser feliz con la crianza de mis padres y, posteriormente, por la motivación de que fue mi padre quien me indujo en el deporte, porque, en definitiva, él jugó con carácter profesional durante muchos años.

«Yo me decido por el baloncesto después de haber estado en varios deportes. Pasé por boxeo, fútbol y otras desciplinas hasta que me encontré con el baloncesto. Soy netamente un deportista de alto rendimiento, surgido no de la masividad, sino en el sentido de que no tuve escuela para este deporte. Aprendí junto a mis compañeros.

«Poco a poco empezamos a tener algunos resultados desde el punto de vista del movimiento, la técnica… Y así fui jugando y participando en eventos en otros municipios, hasta que definitivamente parto a la Campaña de Alfabetización. Cuando regreso me dan una beca y comienzo a estudiar el preuniversitario en Ciudad Libertad.

«Allí me decidí casi completamente por el baloncesto, aunque también tenía cualidades para la pelota por los entrenamientos con mi padre. Participé en diferentes competencias representando a La Habana. Con solo 17 años me llaman para formar parte de una preselección juvenil nacional que tendría un viaje de entrenamiento en Albania».

Pablo Blas asevera que no hizo el equipo en aquel momento, situación que lo condujo a un malestar bastante grande, pues ya amaba ese deporte que llevaba intrínseco en su vida. Un año después, lo vuelven a llamar para integrar la preselección nacional del equipo de baloncesto y desde el año 1964 hasta 1972 integró sus filas.

«Me decido por el baloncesto debido a la movilidad y al contacto personal que sentía y también porque tenía resultados y algo de efectividad que obtuve con mucho trabajo. Después de retirarme del baloncesto integré la preselección nacional de softbol para representar a Cuba, pero había que becarse y ya yo llevaba mucho tiempo en esa situación, por lo que regresé a mi provincia».

García León recuerda el viaje a Puerto Rico en el barco Cerro Pelado. Lo describe como una travesía sensacional, que tuvo gran influencia en su persona. «No fue un viaje fácil, tuvimos muchos contratiempos. Salimos en barco desde Santiago de Cuba y navegamos durante varios días y entrenábamos en el barco. El mareo era constante, pero nos rotábamos los equipos».

Nuestro entrevistado asegura con total humildad que no es una leyenda del baloncesto, pero quienes disfrutaron de su desempeño afirman todo lo contrario. «Si prefieren llamarme así, yo no me voy a oponer. Hay muchos atletas de mi deporte que también fueron leyenda y podría mencionarte a muchos. Es decir, cada época tuvo su momento determinado y también su atleta convertido en gloria. 

«El apodo del Zurdo de Oro fue gracias a mi efectividad en el tiro y también estuvo el empeño por lograrlo. Recuerdo que en mis vacaciones yo iba todos los días al Club Atlético de Ranchuelo y daba seguimiento a mis tiros. Es decir, la constancia y la sistematicidad me aportaron esos resultados. El Zurdo de Oro me lo puso en sus trabajos un periodista villaclareño ya fallecido».

Sobre su participación en la Campaña de Alfabetización, Pablo Blas García León, habla con cierta emoción. Refiere que tuvo la aprobación de una prima que fue la encargada de firmar el autorizo. «Yo alfabeticé en el corazón de la Sierra Maestra, específicamente en Las lagunas, Campechuela, en medio de las montañas, donde una casa distaba de otra kilómetros y kilómetros.

«Allí permanecí nueve meses. Sufrimos algunas consecuencias: habían alzados en la zona y ya llegó un momento en que tuvimos que bajar de allí e irnos para otro lugar. Pero la decisión era de regresar al mismo sitio, al campo donde estábamos.

«Llegó un momento en el que era demasiado, no se pudo continuar. Y me trasladaron a otro lugar, en este caso, al Central San Jacobo. Allí alfabeticé a tres personas. Creo que ese fue el preámbulo para la decisión del magisterio.

«Independientemente de ello, la docencia vino junto con el deporte, porque el deporte me lleva a matricular la Licenciatura en Cultura Física en La Habana, y me hago, primero, profesor habilitado y después, me gradué como profesor de Educación Física».

Pablo Blas reconoce que los tiempos cambian y junto con ellos deben venir también cambios diferentes. Recuerda con emoción que su generación jugaba y siempre lo daba todo en el terreno. «Hoy no digo que no sea así, pero me parece que falta ese empuje final de amor hacia la actividad.

«Hoy está la posibilidad de que tú juegues a nivel internacional y te paguen. A mí me parece que si hay una apertura para que los atletas que tenemos en el exterior puedan representar al país, por favor, adelante. Adelante para que esto pueda cambiar un poco.

«En este momento estamos en una situación extremadamente difícil para obtener resultados de relevancia, a no ser algún deporte específico. Ya, lamentablemente, el deporte en la esfera de alto rendimiento no se practica por amor, se practica porque es un medio de vida».

Para Pablo Blas la familia ocupa un lugar primordial. No imagina su vida lejos de los suyos, de ahí que sea capaz de renunciar a cualquier evento o distinción que lo distancie de ellos durante demasiado tiempo. 

Confiesa que abandonó el equipo nacional con apenas 25 años, en excelentes condiciones físicas y en el contexto de la obtención de un título internacional. «Pero mi esposa venía presentando una serie de dificultades con el embarazo. Era el segundo porque el primero lo había perdido». 

También recuerda a Fidel y las muchas ocasiones en las que coincidieron en el terreno. «Es de esos hombres que nacen una vez cada 100 años. Para mí significó tanto en el deporte por su tesón, porque incluso tuve la posibilidad de jugar con él. Muchas veces iba a la ciudad deportiva y jugábamos. 

«Hacía sus entrenamientos, descansaba, conversaba de nuevo, y a jugar, a jugar. E incluso, se hizo un campeonato nacional y él participó en ese campeonato de tercera categoría.

«Entonces, si tú ves a una figura de esa magnitud haciendo esas cosas, ¿cómo tú no te vas a sentir bien si tú te sientes literalmente motivado? Incluso en uno de los juegos se cae y da una vuelta y todo el mundo salió corriendo a ayudarlo y él dijo: «No, aquí no pasa nada»». 

El mensaje de Pablo Blas para la nueva generación de deportistas cubanos es precisa y tiene un objetivo primordial: superarse para ser grandes campeones. «Hay que trabajar y trabajar.

»Como decía anteriormente, dedicarse y entregarse, y tratar de asimilar todos los contenidos que los entrenadores van dando. Esa es la forma de llegar, porque entrenadores tenemos y buenos. Pero a veces falta ese deseo, esa intención de decir: «Yo quiero ser, y lo voy a lograr»».

Pablo Blas García: el deporte y la docencia en el corazón
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